Jorge Barraza: Neymar, ¿jogo bonito o provocación…?

Foto Juan Manuel Serrano Arce / Getty Images / FIFA

 

El brasileño hace pisaditas, bicicletas y los rivales se lo quieren comer

Foto  Juan Manuel Serrano Arce / Getty Images / FIFA
Foto Juan Manuel Serrano Arce / Getty Images / FIFA

 

Por Jorge Barraza

Garrincha arrancaba en velocidad para adentro y su inocente marcador -ruso o checoslovaco- lo seguía, pero el genio picaba sin pelota, la dejaba quieta en un punto, luego volvía, la recogía y salía hacía afuera. Era un artista del engaño. El público reía y el rival no decía nada. Todo tenía un tinte natural. Era parte del show de Manoel Dos Santos y nadie se molestaba. Aparte era otra época, menos crispada que la actual. Eso sí, Mané lo hacía en el clásico de Pau Grande, su pueblo (clásico al que nunca faltó, ni siendo bicampeón del mundo) y también en una final en Maracaná. Y lo hacía perdiendo, empatando o ganando.

Sesenta años después, Neymar hace pisaditas, bicicletas y los rivales se lo quieren comer en sandwichito. ¿Por qué…? ¿Lo que hace es Jogo bonito o provocación…? En medio del cotejo Leganés-Barcelona, el extalentosísimo Michael Laudrup, hoy analista de TV, protestó en cámara por un alarde innecesario de Neymar que mereció la cepillada de un defensa: “¿Por qué pisas el balón y cruzas el campo propio? Provocas. ¡Pasa el balón y vete a otro sitio!”, gruñó el danés. Luego, en otra filigrana tipo Cafuringa del brasileño, se enfadó más: “Con 0-4 no puedes estar pisando el balón y provocando al rival”.

Levantó polvo, sobre todo por provenir de alguien que rozó las cumbres con su repertorio de tacos, gambetas y enganches. Y porque no es nuevo en Neymar, ya tuvo una docena de encontronazos con rivales, españoles, colombianos, uruguayos… Incluso en el Sudamericano Sub-20 disputado en Arequipa en 2011 enfrentó idénticos problemas y fue suspendido una fecha. Conste que los juveniles tienen un comportamiento más tranquilo que los grandes.

Poco tiempo atrás, el holandés Robben reprendió a su propio compañero Douglas Costa por ensayar una lambretta (levantar el balón con los tacos y pasarlo por sobre la cabeza del defensa) frente al Bayer Leverkusen. “Por supuesto que es técnico y es típico brasileño. Sin embargo, debo decirle que tenga cuidado: estos gestos técnicos son bellos, pero pertenecen al circo. Hay que recordar, que incluso estando 3 a 0 debemos respetar al adversario”. En la misma sintonía se expresó Manolo Sanchís, exdefensa del Real Madrid, ahora comentarista radial: “Neymar me parece un espectáculo, pero tiene algo que su entrenador debe intentar reconducir. En el campo hay códigos y hay que respetarlos. Te lo pueden recriminar. Es parte de su juego y alguien a su alrededor debe advertirle de los conflictos que puede ocasionar”.

Lo sugestivo fue la respuesta de Pep Guardiola cuando lo consultaron sobre esta polémica en mitad de la semana: “Yo estoy en Inglaterra, desconozco la cuestión”, se desmarcó. Otro paladín del buen fútbol (como Laudrup) que no avaló la actitud de Neymar. Acaso porque el buen fútbol es otra cosa: gambetear para adelante, poner la destreza al servicio del equipo, no de uno mismo.

 

 

“Pareciera que ahora está prohibida la habilidad”, protestan muchos. En absoluto, no está vedada y a todo hincha de fútbol sensato le encanta la clase, el ingenio, la picardía. El tema es cómo y cuándo se hace. En todos los partidos vemos túneles, sombreritos, amagues, sin embargo nadie quiere pegarle al autor de la maniobra. Neymar tiene algo provocativo en su juego, en su gestualidad, que irrita. Una cosa es el fútbol alegre y vistoso de los brasileños, el cual hemos disfrutado y alabado hasta el hartazgo, otra es querer pasarse de listo con el adversario, humillarlo. Recordamos la final de la Copa del Rey 2015: con el partido ya decidido 3 a 1 por el Barcelona, en el minuto 86 intentó una lambretta y todo el Athletic de Bilbao se le fue encima para devorárselo. Con el rival vencido, estaba de más, sonaba claramente a burla. Además, no había hecho gran cosa por el resultado, Neymar; buscó sacar rédito con esa pirueta. Si esa misma acción es a los diez minutos y con el partido empatado, los vascos no se mosqueaban. Enfada el momento. (Por si acaso: hemos pasado una vida en el periodismo fustigando a los jugadores que matonean, a los leñeros y ventajeros.)

“Es curioso, en la eliminatoria contra el Atlético por la Champions no hizo malabares, ni contra el Alavés el sábado que perdieron. Esos días no hay Jogo bonito, sólo le sale con una ventaja de tres o más goles”, escribió con sorna un bloguero español.

En la Copa América de Chile, acaso cebado por sus buenas actuaciones, Paolo Guerrero incurrió en una acción socarrona sobre el final: con el pie izquierdo hizo rebotar la pelota en su derecho para que se convirtiera en un pase a un compañero. Más que un lujo, una canchereada. Fue tema de debate de muchos periodistas en ese momento. ¿Está bien…? ¿Está mal…? Si la hace cuando van 0 a 0 está perfecto, que haga bicicletas, cascaritas, taquitos, lo que guste. A los cinco minutos de juego lo mismo, que intente diez de esas. Pero cuando faltan segundos para concluir el partido y va ganando 3 a 1, es provocativo. Y los que se enojaron no eran vascos ni uruguayos, sino bolivianos. Hay florituras que son de entrenamiento, no de partidos. Son lindas para el rondo, ese momento en que los futbolistas se divierten entre ellos.

Podría pensarse que a Neymar, de carácter tan alegre y despreocupado, no le importa la reacción de los contrarios, pero sí lo afecta, porque se sale de casillas y más de una vez lo amonestan o expulsan por reaccionar. Y al equipo lo perjudica, le genera un clima adverso que no sirve. El rival, cuanto más manso está, mejor.

“Neymar es histrión, adora el protagonismo, que filmen sus pasos dentro y fuera de las canchas. A diferencia de Messi, disfruta de la exposición. No provoca por mal tipo, provoca porque le gusta que lo observen”, nos dice Ricardo Montoya, amigo peruano, profesor de literatura, periodista deportivo y futbolero a mil. Aguda observación.

Además, cuidado: Neymar no inventó la habilidad; ya estaba. La encontró hecha por anteriores brasileños y por otros grandísimos cracks que tuvo el fútbol. Sin alejarnos: Ronaldinho es el símbolo de la fantasía en este juego, y nadie se ofendió nunca con él. Tenía el repertorio completo, pero lo usaba para ganar, tiraba un caño por imperio de la jugada, porque era lo que más convenía en esa acción. Le salía natural y en cualquier instante del partido. Nadie quiere abolir la habilidad, simplemente todos sabemos cuándo un túnel es un túnel y cuándo un intento de burla.

 



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